Un grupo de médicos
españoles ha logrado operar a 2.000 personas y atender en consulta a más del
doble en Turkana, Kenia, donde el calentamiento global se ceba con los pobres
Ver
fotogaleríaUn pastor turkano buscando un poco de sombra bajo una acacia. GISELA
FERNÁNDEZ-PRETEL (CIRUJÍA TURKANA)
Madrid 12
MAY 2017 - 08:41 CEST
Cuenta la leyenda que
a mediados del siglo XVIII ocho jóvenes se dirigieron desde el nordeste de
Uganda en busca de un toro gris, un cebú que habían perdido y que era el animal
más valioso en su rebaño ya que se adapta bien a entornos secos y calurosos.
Cruzaron lo que actualmente es la frontera con el noroeste de Kenia y en lo
alto de una montaña lo encontraron viviendo con Nayece, una mujer mayor que
también había llegado desde Uganda buscando fruta. La mujer les enseño la
región y sus bondades. Los jóvenes volvieron a por su ganado y regresaron a
Kenia junto a sus familias para permanecer en la zona convirtiéndose así en los
turkana, una de las más de 60 tribus del país.
En
la actualidad, el cambio climático se ha convertido en una de las mayores
amenazas a las que se enfrenta este pueblo seminómada –el segundo grupo más
grande de pastores de Kenia– que a lo largo de las estaciones se desplaza en
busca de pastos para sus ganados. Aproximadamente el 60%
de la población de la región vive del pastoreo de camellos, reses,
cabras y ovejas. Aunque desde hace siglos se han adaptado a un entorno árido y
con sequías periódicas, los efectos del calentamiento global han agravado la
situación y han provocado que sufran sus consecuencias con mayor intensidad.
El cambio en los
ciclos de las lluvias, la sequía prolongada –declarada por el Gobierno de Kenia
como situación
de desastre nacional en febrero– que provoca la falta de pastos y la muerte
del ganado, el aumento de las temperaturas y la insuficiencia de pozos que
abastecen de agua a la población han desestabilizado el ya de por si precario
equilibrio en el que viven. Según Human
Rights Watch, los proyectos hidroeléctricos y de riego en la cuenca del río
etíope Omo amenazan con la reducción de los niveles de agua del lago Turkana,
centro vital de esta comunidad. Además, en el norte de la región, la necesidad
de encontrar tierras de pastoreo y agua han aumentado los conflictos
interétnicos.
En lo que se reconoce
mundialmente como la cuna de la humanidad, ya que allí y en el valle de Omo,
los arqueólogos han encontrado los antepasados más antiguos a los seres humanos
modernos, las vicisitudes del clima no hacen sino acrecentar la ya de por si
difícil situación de 1,2 millones de personas. La región de Turkana es
considerada la
más pobre del país, en la que cerca del 92 % de la población vive por
debajo del umbral de la pobreza, ganando menos de dos dólares al día, sólo el 15%
de la población ha recibido educación primaria y menos del 10% tiene acceso a
servicios de saneamiento.
La exposición Turkana. Un mundo que se agota, que
se puede visitar en el Museo de Antropología de Madrid, pretende que los
visitantes conozcan cómo el cambio climático está vulnerando el derecho de los
turkana a un entorno habitable y a una vida digna. Además de mostrar la labor
que en el ámbito de la salud que realizan un grupo de médicos españoles.
Los
médicos españoles que operan en Turkana
“Hola Ekiru. Soy
Carmen, una de las daktaris mzungus (médicos
blancos) que va cada año al hospital de Lodwar a operar para intentar ayudar a
tu pueblo. Me acompañan otros daktaris como
Elena, Gloria, José, Adela…”. En el diario de la campaña que Carmen Hernández,
cirujana del Hospital Clínico San Carlos de Madrid escribió, la lista de
nombres continúa. Desde 2004, cuando nació Cirugía en Turkana, han
sido muchos los cirujanos, traumatólogos, enfermeros, anestesistas,
ginecólogos y voluntarios que se han unido al proyecto. “Sabemos que no podemos
solucionar la mayoría de los problemas a los que os enfrentáis, pero intentamos
poner nuestro granito de arena para que tengáis algo que a todo ser humano le
hace falta alguna vez: una operación”, continua escribiendo Hernández en su
diario.
En su última visita a
Lodwar –la capital de Turkana– el pasado febrero, 18 médicos atendieron en tan
solo 10 días a 600 pacientes e intervinieron a más de 200. Aunque la cifra de
intervenciones quirúrgicas asciende a 2.000 en más de una década. Muchas de las
intervenciones son ginecológicas, como las de prolapsos uterinos (el órgano se
sale del cuerpo) debido a que las mujeres dan a luz muy jóvenes y sin atención
médica. También operan hernias, labios leporinos, fracturas y bocios en
tiroides por falta de yodo en la alimentación.
“Un quirófano allí es
lo más parecido a un garaje en desuso: sucio, lleno de trastos, con las paredes
desconchadas, donde la luz funciona a ratos y el suelo está descascarillado. Es
una habitación a la que se le llama quirófano”, así lo describe Hernández y
señala que la capacidad de adaptación ha sido clave para llevar a cabo las
operaciones con los medios disponibles.
Turkana tiene algunos
de los peores indicadores
sanitarios de Kenia donde hay dos médicos por cada 100.000 habitantes.
“La carencia de médicos es muy notable. En el Hospital Gubernamental de Lodwar
hay dos cirujanos y un ginecólogo”, señala Hernández. Un número escaso para
hacer frente a una situación
sanitaria precaria, donde la esperanza de vida no llega a los 55 años.
“Estamos a tan solo seis horas en avión [de España] y parece otro mundo. Ayuda
mucho contar en imágenes lo que está ocurriendo en Turkana para que la sociedad
española lo conozca”, añade Gisela Fernández-Petrel, fotógrafa que ha
acompañado desde 2012 al equipo médico.
Los problemas
logísticos se han convertido, en cada misión médica, en uno de los mayores
desafíos. En la segunda región más grande del país, de unos 77.000 kilómetros
cuadrados y con unas infraestructuras paupérrimas, el traslado de los enfermos
hasta el hospital de Lodwar consume buena parte de las energías del equipo y de
sus recursos económicos. “Los pacientes no disponen de ningún medio de
transporte. Si queremos tener pacientes en las campañas tenemos que ir a por
ellos, operarles y devolverles a sus casas, y eso significa muchos kilómetros y
mucha preparación de la campaña. Este año hemos movido a 600 personas en 10
días”, explica la cirujana.
Meses antes de la
llegada de los médicos españoles, personal del hospital de Lodwar se encarga de
visitar todos los distritos de Turkana localizando a la población que requiere
atención médica y que se encuentran a cientos de kilómetros de la capital en localidades
como Nariokotome, Kalokol o Kakuma para tener los casos previamente
seleccionados. La doctora Hernández destaca la importancia de la buena
selección del paciente ya que no pueden llevar a cabo operaciones que impliquen
un posoperatorio que necesite sangre o antibióticos intravenosos o un paciente
sometido a una ventilación mecánica, simplemente porque allí no hay medios.
“Los pacientes tienen una desnutrición y una anemia crónica brutal, por culpa
de las enfermedades que arrastran como el VIH o la malaria. Son pacientes que
tienen un frágil equilibrio y hay que hacer cirugías muy cuidadosas”, añade.
El personal del
hospital es un gran aliado y la colaboración entre el equipo de sanitarios
keniatas y españoles es constante. Los médicos españoles colaboran con su
formación, comparten los casos y en el quirófano trabajan mano a mano. “No
queremos llegar allí como un grupito extraño
de blancos, sino compartir con ellos los casos y hacer sesiones formativas”,
explica Hernández, quien reconoce que la actitud del personal ha cambiado mucho
desde que empezaron a trabajar con ellos. Su deseo es seguir visitando cada año
Turkana para mejorar la salud de la zona e implementar un proyecto de
telemedicina que consiste en compartir conocimientos y ayudarles en el diagnostico
a través de la tecnología, demostrándoles que con una red de telefonía móvil,
un ecógrafo y un programa informático sencillo se puede ayudar mucho con el
diagnóstico de ciertos pacientes.
“El gobierno está
alejado de Turkana. Es una zona muy inhóspita y árida y la sequía está llegando
a niveles insostenibles. Se están repartiendo alimentos y ayuda internacional
pero no llega. Si no les ayudamos el año que viene no vamos a tener ni
pacientes porque habrán muerto la mitad, están muriendo muchos niños y
ancianos. Es una situación de emergencia humanitaria”, dice la veterana
cirujana madrileña, que ha encontrado en Turkana una familia a la que visita
año tras año y a la que ella, y otros médicos, ofrecen la salud que allí tanto
se necesita.



No hay comentarios:
Publicar un comentario