Mujeres
regresan del bosque con canastas llenas de corteza de árbol, que recogieron con
mucho trabajo, y estiércol seco. La comunidad bhumia practica una silvicultura
sostenible. Crédito: Manipadma Jena/IPS.
NACIONES UNIDAS, 27 abr 2017
(IPS) - Las mujeres indígenas son las que sufren los primeros y los peores
efectos del cambio climático, y también las que encabezan los esfuerzos para
proteger el ambiente.
Un foro organizado por la Red
de Acción de Mujeres para la Tierra y el Clima (Wecan, en inglés) reunió a
indígenas de todo el mundo para discutir los efectos del cambio climático en
sus comunidades y en sus respectivas actividades laborales hacia las soluciones
sostenibles.
“Este foro está bastante
enfocado a las comunidades que están al frente de la lucha contra el cambio
climático. Quisiéramos tomarnos el tiempo para visibilizar el liderazgo de las
mujeres y sus llamados a la acción”, indicó la directora ejecutiva de Wecan,
Orielle Lake.
Las indígenas “trazan una
línea roja para proteger y defender a la madre tierra, a todas las especies y a
la red misma de la vida”, añadió.
Entre las participantes del
foro estaba la directora ejecutiva de la Red de Información Indígena, Lucy
Mulenkei, que trabaja con comunidades indígenas en Kenia en cuestiones de
desarrollo sostenible.
Las indígenas keniatas
soportan la carga de las consecuencias del cambio climático, observó.
“Experimentamos muchas sequías prolongadas, un trabajo más que recae sobre las
mujeres, pues encontrar agua se convierte en un problema porque hay que ir más
lejos.”
En febrero, el gobierno
keniata declaró emergencia nacional por la sequía, lo que significa que duplicó
el número de personas que viven con inseguridad alimentaria, aumentó el grado
de malnutrición a niveles de emergencia y dejó a millones de personas sin
acceso al agua potable.
Pero debido al cambio
climático, el país también experimenta fuertes lluvias, lo que generó
inundaciones, que perjudicaron a las comunidades indígenas, indicó Mulenkei.
Los extremos climáticos son en
gran medida el resultado del uso de combustibles fósiles, cuya quema emite
gases de efecto invernadero que contribuyen al recalentamiento global. Estados
Unidos es responsable de casi 20 por ciento de las emisiones contaminantes, lo
que lo convierte en uno de los que más gases libera a la atmósfera.
A pesar de estar a unos 12.900
kilómetros de Kenia, Mulenki recordó a IPS que “cualquier cosa que hagas muy
lejos, nos impacta a nosotros aquí”.
La industria de los
combustibles fósiles también impacta a las comunidades indígenas de Estados
Unidos con sus megaproyectos de infraestructura.
“No te imaginas todo lo que
cambió con la llegada del petróleo”, indicó Kandi Mossett, responsable de
Energía Extrema y Campaña de Transición Justa de la organización Red Ambiental
Indígena, refiriéndose al descubrimiento de petróleo en la formación de Bakken,
en Dakota del Norte.
“El aire se envenena, el agua
se destruye”, subrayó.
Mossett es una de las
indígenas que encabezan el movimiento
contra el oleoducto Dakota Access, que concentró la atención internacional
en 2016, cuando miles de manifestantes fueron violentamente reprimidos por las
fuerzas de seguridad.
Las comunidades indígenas son
un blanco desproporcionado de esos proyectos. “No ve un pozo de fracturación en
Hollywood ni en el jardín de la Casa Blanca. Lo ve en poblaciones de bajos
ingresos y de minorías”, ejemplificó.
Mossett subrayó la importancia
del consentimiento previo para la aprobación de esos proyectos de desarrollo,
como está previsto en la Declaración
de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Ni el
gobierno ni la empresa respetaron esa norma en el caso del Dakota Access.
“La consulta no equivale al
consentimiento”, precisó a los presentes.
Las comunidades indígenas
tienen que hacer frente a problemas similares a medida que la economía y las
compañías realizan la transición hacia las energías renovables.
En Kenia, las comunidades
indígenas son testigo de la construcción de proyectos de energía renovable
sobre sus tierras y sin su consentimiento, como las iniciativas Ngong Hills y
Kipeto en territorio masai.
“Me siento desatendida, me
siento marginada, me siento aislada”, confesó Mulenkei a IPS, respecto de la
falta de consentimiento y consultas con los pueblos indígenas por la
realización de los proyectos de infraestructura. Estos serán beneficiosos solo
si están abiertos a la participación, añadió.
Los pueblos indígenas a veces
soportan violaciones más extremas con el crecimiento de la economía verde, como
el desplazamiento de
las comunidades masai, tras la expansión de la producción de energía
geotérmica.
En Honduras, la indígena
defensora del ambiente Berta Cáceres fue asesinada en su casa en marzo de 2016
por oponerse a la construcción de una represa hidroeléctrica.
Un informe del
Centro de Recursos Empresariales y de Derechos Humanos señaló que cinco de cada
50 empresas dedicadas al desarrollo de energías renovables dicen estar
comprometidas con la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.
Mossett y Mulenkei
coincidieron en la necesidad de respetar los derechos indígenas de forma
integral y urgieron a tomar medidas colectivas para proteger el ambiente y
contemplar los derechos humanos.
“Tenemos que tomar medidas
directas no violentas en el terreno y recuperar el poder sobre nuestras comunidades
porque nadie lo hará por nosotros”, remarcó Mossett.
El foro de Mujeres Indígenas
para la Protección de la Tierra, los Derechos y las Comunidades se realizó en
forma paralela con la 16 sesión del Foro Permanente de las Naciones Unidas
sobre Cuestiones Indígenas, que comenzó el 24 de este mes y se extenderá hasta
el 5 de mayo en la sede del foro mundial de Nueva York.

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