El descubrimiento de un grabado
con 38.000 años aleja el origen del arte en Europa
Madrid 17 MAR 2017
- 16:46 CET
Piedra
con un uro grabado hace 38.000 años. MUSÉE NATIONAL DE PRÉHISTOIRE
COLLECTIONS
Cuando los primeros arqueólogos
las encontraron, en los años veinte del siglo pasado, fueron descartadas como
piedras inútiles sin valor científico. Sin embargo, una nueva investigación
acaba de descubrir en aquellos fragmentos olvidados del Abri Blanchard, un yacimiento prehistórico en
el suroeste de Francia, la representación de un animal más antigua de Europa.
Este hallazgo, el grabado de un uro (un toro extinguido) realizado hace 38.000
años, ofrece una llave para tratar de entender el pasado más remoto de nuestra
especie, sus relaciones sociales y manifestaciones artísticas. Representa
también una ventana para observar el nacimiento de algo que no todos los
científicos se atreven a llamar arte, pero que implica
sin duda una voluntad de representar el mundo que les rodeaba.
La importancia del hallazgo
reside por un lado en su antigüedad, ya que el grabado fue realizado en la
época conocida como el Auriñaciense (43.000-33.000), en el Paleolítico
superior, cuando los primeros Homo sapiens comenzaban
a expandirse por Europa, poblada entonces por otros homínidos, los neandertales, que
acabarían por desaparecer. Pero también la técnica es extraordinaria, ya que el
dibujo está grabado mediante puntos, el mismo sistema que siglos más tarde
utilizarían Seurat o Van Gogh.
"Tanto el estilo como el
contenido muestran aspectos comunes en tres regiones diferentes, dos en Francia
y una Alemania, lo que implica algún tipo de sistema de comunicaciones y de
intercambio de ideas", explica el responsable de la excavación, Randall
White, profesor del Centro para el Estudio de los Orígenes de la Humanidad en
la Universidad de Nueva York. El yacimiento, un refugio rocoso al aire libre
situado en el valle del Vézère, fue investigado en 1927. Noventa años después,
el equipo del profesor White analizó los elementos abandonados y realizó nuevas
excavaciones en las que aparecieron las 16 piedras con las representaciones de
animales.
"Nuestro trabajo demuestra
que las imágenes de Blanchard formaban parte de la vida cotidiana",
prosigue el prehistoriador. "Esta gente vestía numerosos adornos
realizados con dientes de animales, conchas, cuentas de marfil o pulseras. La
enorme cantidad de ocre rojo encontrada en el yacimiento puede significar que
se pintaban el cuerpo y el cabello. Con todo este énfasis en la representación,
la presencia constante del grabado, la pintura y la escultura no representa
ninguna sorpresa".
El descubrimiento en 1868 de la
cueva de Altamira, en el norte de España, abrió una nueva perspectiva sobre la
Prehistoria. Tras años de debates
e incredulidad, quedó claro que los seres humanos que vivían hace miles de
años eran como nosotros, habitantes de un mundo espiritual. Más de un siglo
después, el descubrimiento de la cueva de Chauvet, en el sur de Francia, cambió
de nuevo la perspectiva porque sus dibujos eran muchísimo más antiguos de lo
que se pensaba.
Las pinturas encontradas
en Chauvet son
las más sofisticadas y complejas que se conocen, pero fueron realizadas
milenios antes que las de Altamira o
Lascaux, las otras obras maestras del arte parietal europeo. Entre Chauvet
(unos 38.000 a 33.000 años) y Altamira (entre 20.000 y 13.000 años) existe más
o menos la misma distancia que entre Altamira y nosotros. En la cueva del
Castillo, en Cantabria, también existen pinturas muy antiguas aunque su
datación –40.000 años– no es universalmente aceptada. Fuera de Europa, sobre
todo en Australia, se han encontrado dibujos que tienen, como mínimo, esa
antigüedad, algo que reforzaría todavía más la idea de que Homo sapiens y espiritualidad son
inseparables.
"En el siglo pasado, los
expertos pasaron de la certeza a la incertidumbre", señala Gregory Curtis,
autor de un apasionante recorrido por el descubrimiento del arte prehistórico
desde el siglo XIX, Los pintores de
las cavernas. El misterio de los primeros artistas (Turner). "Los
primeros arqueólogos desarrollaron teorías para explicar el significado de este
arte. Ahora, en lugar de teorías universales sobre su significado, tendemos a
obtener descripciones cada vez más precisas y detalladas. Creo que esto es
bueno. No siempre es fácil ver lo que hay en la pared de una cueva. Pero no hay
esperanza alguna de entender el significado hasta que sepamos exactamente lo
que está dibujado o grabado en las paredes".
"El arte paleolítico se había datado
hasta ahora por métodos comparativos, a partir del estilo", explica por su parte Juan M. Vicent, investigador del
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y uno de los grandes
expertos en la Prehistoria europea. "El acceso cada vez más generalizado a
métodos de datación físico-química, incluyendo la datación directa de pinturas,
está produciendo un reajuste general de las cronologías, uno de cuyos efectos
es la evidencia creciente de fases muy antiguas, que aproximan cada vez más los
inicios del arte al comienzo del Paleolítico superior".
Todos estos descubrimientos nos
llevan a un origen mucho más remoto de lo que se había sospechado de esas
formas de representación que, además de su
belleza, son la única puerta que nos permite intuir el pasado de la
humanidad. La inmensa mayoría de los científicos han descartado la posibilidad
de entender lo significan, pero lo que muestran –casi siempre animales
poderosos, manos en negativo, círculos, aunque muy pocas retratos humanos–
traza hilos invisibles que llegan hasta nosotros. Como asegura Gregory Curtis,
"el impulso de representar que sintieron esos seres humanos, hace 38.000
años, es una definitiva y poderosa conexión con nuestros primeros
antepasados".
La
emoción estética que provoca el arte parietal es indiscutible, incluso cuando
se contemplan sus réplicas –su fragilidad hace que cada vez sea más difícil y
controvertido visitar los originales–. Sin embargo, el propio concepto de arte
resulta problemático. "La explosión de creatividad que parece ocurrir en
el Paleolítico Superior se debe explicar, posiblemente, desde un punto de vista
social", explica Juan M. Vicent, del CSIC.
"Nuevas
formas de organización requieren el desarrollo de técnicas que dan lugar a algo
que nosotros clasificamos como arte, que sólo es la parte fosilizada de
una posiblemente vasta red de actividades, que van desde el arte corporal a los
ritos funerarios". El investigador agrega: "Es una forma de hablar
fundamentalmente proyectiva: cuando decimos arte estamos hablando de
comportamientos que, en realidad, obedecen a funciones, básicamente
sociotécnicas, no creativas o estéticas".



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