Un estudio del BID analiza cómo
optimizar los 2.000 millones que las agencias públicas de fomento a la
innovación y el emprendimiento invierten cada año en la región
Primer Hackaton para mejorar las
respuestas a los desastres naturales, mediante el uso de la tecnología y datos
abiertos, organizado por el BID.
Un chip
que se coloca al ganado para conocer su localización y monitorear sus signos
vitales con el fin de prevenir problemas como la fiebre aftosa. Un kit para
diagnosticar la tuberculosis de manera remota en 20 segundos mediante un
microscopio de bajo costo y un software de reconocimiento vía web. Un
motor de olas, capaz de transformar sus rompimientos en un movimiento continuo
para suministrar aire, agua y electricidad. Un nanosatélite con cámaras para
obtener información y prestar servicios comerciales a la industria agropecuaria,
de gas y petróleo, y de infraestructura. Una plataforma tecnológica para lograr
eficiencia energética en el hogar.
Estos son algunos de los muchos
casos de innovaciones y emprendimientos tecnológicos con proyección global que
surgieron recientemente en América Latina y que contribuyen a resolver
problemas sociales y productivos. Lo que todos estos casos tienen en común es
que una o más etapas de su desarrollo han sido financiadas por agencias
públicas de fomento a la innovación y el emprendimiento (AIE).
Estas agencias se dedican a
identificar, financiar y acompañar proyectos y emprendimientos innovadores en
etapa temprana que nadie suele apoyar por la incertidumbre que presentan. De
hecho, si nos fijamos en muchos de los avances tecnológicos e innovaciones del
mundo, vemos que no son solo el resultado de inversiones privadas, sino que
tienen su origen en el apoyo financiero del sector público. Basta leer el libro El
Estado Emprendedor, de Mariana Mazzucato, para encontrar ejemplos concretos y
un análisis del papel del Estado en el impulso a la innovación.
En conjunto, las AIE de América
Latina invierten más de 2.000 millones de dólares anualmente en proyectos de
innovación. Pero, a pesar de su relevancia, no existen estudios comparativos de
estas agencias ni tampoco espacios formales y especializados de aprendizaje
colectivo. Un estudio sobre este tema, que será publicado próximamente por el Banco Interamericano de Desarrollo
(BID), sugiere cinco principales vías de mejora.
1.
Desarrollo de una visión estratégica
Dado el dinamismo de los sistemas
de innovación y sus diferentes actores, es importante contar con planes
estratégicos que se evalúen y actualicen de forma periódica, impulsando cambios
en los instrumentos y las estructuras organizativas de las agencias, de manera
de ir adaptando sus capacidades a las necesidades de las políticas en cada
fase. Un buen ejemplo de esto es la agencia Tekes de Finlandia que cada tres años
actualiza su estrategia a partir de rigurosas evaluaciones de sus programas y
el análisis de las tendencias globales en los mercados y las tecnologías.
2.
Mayor focalización
A diferencia de las agencias de
innovación latinoamericanas, las de países desarrollados concentran sus
intervenciones en pocos programas con apoyos muchos más cuantiosos y oportunos
para empresas y emprendedores. Asimismo, se enfocan mucho en lo que el BID ha
denominado políticas verticales, es decir, en la provisión de bienes públicos
(investigación y desarrollo, capital humano avanzado, infraestructuras,
regulaciones) para favorecer el desarrollo de nuevos sectores, tecnologías
específicas o contribuir a la solución de desafíos nacionales. Por ejemplo,
KEIT, una de las agencias de innovación más dinámicas de Corea de Sur, invierte
anualmente unos 800 millones de dólares en un programa orientado al surgimiento
de nuevas industrias como la robótica y los dispositivos biomédicos, así como
al fortalecimiento de industrias estratégicas como la automotriz o la
comunicación móvil.
3.
Más autonomía y flexibilidad
Las agencias necesitan altos
niveles de autonomía, una gobernanza mixta (público-privada) y esquemas
operativos flexibles. Esto facilita la experimentación, les permite modificar o
interrumpir programas en función de los resultados y también operar aislados de
posibles presiones externas. La mayoría de las agencias de América Latina
muestran estos atributos, aunque podrían beneficiarse de un mayor grado de
autonomía y estabilidad en su financiamiento, el cual suele depender de un
presupuesto nacional cambiante. Una estructura de financiamiento con una mejor
combinación de instrumentos no reembolsables, créditos e inversión les
permitiría apoyar proyectos de innovación tecnológica con horizontes más largos
y mayores impactos. Dos buenos ejemplos de esta diversificación de financiamiento
son el Centro para el
Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) en España y la Financiadora de Estudos e
Projetos (Finep) en Brasil.
4.
Coordinación
La incorporación de conocimiento
y la mejora de la competitividad global requieren de un enfoque sistémico en
las políticas y un trabajo mancomunado entre las agencias públicas de
investigación, innovación, emprendimiento y promoción de exportaciones e inversiones.
Así lo ha entendido Finlandia con la iniciativa Team Finland que reúne en una
única interfaz a los diferentes ministerios y servicios públicos especializados
que apoyan la innovación e internacionalización de las empresas finlandesas.
Sin embargo, la coordinación con otras agencias públicas y con el sector
privado es otra área con oportunidades de mejora en la región latinoamericana.
5.
Capacidad de aprendizaje
Las agencias de América Latina
deben continuar reforzando sus capacidades de monitoreo y evaluación,
especialmente las más jóvenes. Aún existe un importante espacio para
desarrollar evaluaciones cuantitativas rigurosas que aporten información para
decidir sobre la continuidad, revisión o interrupción de los programas.
Adicionalmente, hay una gran oportunidad de aprendizaje a través de la
experiencia colectiva. Si bien las AIE son instituciones únicas y no hay
recetas de éxito, incorporar aquellos atributos sobresalientes y probados de
otras instituciones puede ayudar a acortar sus respectivas curvas de
aprendizaje.
Las agencias de innovación son
piezas fundamentales de un Estado emprendedor que busca hacer realidad
estrategias de desarrollo basadas en el conocimiento. Desde el BID, promovemos
una nutrida agenda de investigación y asesoramiento a los países para mejorar
sus resultados, así como facilitamos el intercambio de experiencias, tanto
entre países de América Latina como con los de la OCDE. Al entender mejor la
dinámica de estas organizaciones, podemos responder mejor al desafío de cómo las
agencias de innovación deben mirar el futuro para facilitar el desarrollo de
economías más innovadoras y emprendedoras.
Pablo Angelelli y Claudia
Suaznábar especialistas de la División de Competitividad, Tecnología e
Innovación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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