El cargamento de plantas y
láminas recopilado por José Celestino Mutis en su expedición al virreinato de
Nueva Granada arribó a Cádiz en 1817 para revolucionar la ciencia española
Sevilla 6 MAY 2017 - 22:30 CEST
De izquierda a derecha, láminas
de Mutis con dibujos de 'Mutisia Clematis', 'Lobelia (Centropogon
ignoti-pictoris)' y 'Maxillaria'. RJB / CSIC
En junio de 1817 llegó al puerto
de Cádiz un curioso cargamento de 104 cajones. Al abrirlos un aire de bosque de
Indias se extendió más allá de la nave. Era un verdadero tesoro científico con
semillas, resinas, minerales, maderas y dibujos de plantas que había sido
recopilado treinta años atrás por el botánico José Celestino Mutis en
las tierras que entonces pertenecían al virreinato de Nueva Granada, la actual
Colombia, y cuya independencia se proclamaría poco después.
Las cerca de 20.000 plantas
herborizadas y las más de 6.000 ilustraciones con los diarios manuscritos
pasarían a formar parte del Real Jardín Botánico de Madrid. Ahora se cumplen
doscientos años del arribo a Cádiz de ese tesoro botánico que incautó el
general Morillo, enviado a las colonias para sofocar las rebeliones
independentistas. El encargado de recoger los valiosos materiales para
llevarlos a la capital fue Mariano Lagasca y Segura, director del Real Jardín Botánico de
Madrid. Lagasca y Segura se emocionó en el momento en el que se
abrieron esos cajones y aspiró aquellos aromas, esa colección que era el
resultado de la vida del sabio José Celestino Mutis, el gran botánico que había
nacido en Cádiz y cuya memoria regresaba así a su ciudad natal.
José Celestino Mutis (Cádiz, 1732
– Santa Fe de Bogotá, 1808) fue sacerdote, botánico, matemático y el impulsor
de una de los grandes viajes científicos realizados durante la monarquía de
Carlos III: la Real Expedición Científica del Virreinato de Nueva Granada, que
fue una de las que generaron mayor número de informes, documentos y
bibliografía. Sin embargo, hasta 1954 no se publicó La flora de la Real
Expedición del Nuevo Reyno de Granada.
El sabio gaditano forma parte de
la mejor memoria científica de España y su figura sigue presente en los
herbarios, en los libros botánicos y hasta en los nombres de plantas como la
Mutisia, una hermosa trepadora. En su época, fue más reconocido fuera de España
que dentro y mantenía correspondencia con los célebres naturalistas Carlos
Linneo y Alexander
Von Humboldt, quien incluso se desvió en su famoso viaje por tierras
equinocciales para visitar al científico gaditano. Mutis compartió su casa con
Humboldt y le ayudó en su viaje hacia el Pacífico. El naturalista alemán quedó
impresionado con su colega español: “Uno se asombra de los trabajos que ha
hecho y de los que prepara para la posteridad; es admirable que un hombre solo
haya sido capaz de concebir y ejecutar un plan tan vasto”, aseguró en una carta
enviada a un amigo.
Recogida de muestras
Desde muy pronto, Mutis advierte
que su país es muy diferente al de su amigo Humboldt y se lamenta de la desidia
española: “Mientras en España se iba perpetuando un profundo olvido sobre las
empresas de esta naturaleza, todas las naciones, especialmente las que poseían
algunos establecimientos en América, aspiraban a porfía a poseer igualmente el
conocimiento de sus tesoros naturales y a la formación de gabinetes públicos y
privados”.
Afortunadamente las plantas de su
expedición y su trabajo científico sí que sirvieron para la excepcional
colección del Real Jardín Botánico de Madrid. En un principio, la intención de
Mutis era que las plantas recogidas y estudiadas formaran parte del Gabinete de
Historia Natural de Madrid con el fin de que se incluyeran muestras de seres
vivos e inertes recogidos en América, según explica Paz Martín Ferrero en el
libro Andalucía y las expediciones científicas en el siglo XVIII: la
aventura botánica de Mutis (Consejería de Educación y Ciencia de
Andalucía, 2000).
Consciente de la importancia de
que España incorpore estas especies pide a Carlos III que autorice una
expedición y ayudas. Pero no lo consigue, así que continúa trabajando por su
cuenta. “Determiné emplear en adelante todo el tiempo en aquellos días de
diversión, en examinar las plantas de los terrenos donde nos halláramos”, anota
en su Diario de Observaciones, donde relata el viaje.
Pero la soledad de su trabajo
científico termina cuando llega un nuevo virrey a Nueva Granada, Antonio
Caballero y Góngora, quien lo convierte en asesor y ayuda a que el monarca
comprenda la importancia que tendría el viaje que propone Mutis. Finalmente la
Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada tiene lugar en 1783 y el
sabio gaditano es nombrado primer botánico y astrónomo con el fin de fomentar
el comercio creando herbarios y colecciones naturales. La expedición abarcará
unos 8.000 kilómetros cuadrados y seguirá el río Magdalena como referencia.
Durante el viaje se fueron
recogiendo especies y se realizaban excepcionales láminas que hoy forman parte
del Fondo Mutis del Jardín Botánico y en las que son admirables los dibujos de
frutas y de plantas y los esquemas de germinación de distintas especies. Estos
dibujos de la flora de Bogotá se pintaron a mano por pintores de la escuela
quiteña e ilustran un curioso mestizaje entre el arte criollo o colonial y la
botánica ilustrada europea. Ya no eran las descripciones exóticas o alegóricas
que habían predominado en los trabajos científicos del siglo XVI o incluso del
XVII. Ahora, la ciencia de la época exigía el dibujo exacto y preciso. Y así
fue como el XVIII se convirtió, sin duda, el Siglo de Oro de la botánica
española.




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