Redacción
BBC
5 horas
ISTOCK/Unos
desarrollaron pieles, nosotros aprendimos a usar el fuego.
¿Alguna
vez te has puesto a pensar que las bacterias han desarrollado resistencia a los
antibióticos mientras que nosotros no hemos desarrollado resistencia a las
bacterias?
¿Será que de tanto cuidarnos del
mundo exterior suspendimos el proceso de transformación de nuestra especie?
Es una pregunta que los
científicos se han hecho desde que Charles Darwin publicó "El origen de
las especies" en 1859.
No hay duda de que los humanos
somos únicos en el mundo animal.
Hace decenas de miles de años,
algo increíble empezó a suceder: nuestros ancestros empezaron a protegerse del
medioambiente de una manera muy distinta a otras criaturas.
Inventaron cosas para hacer que
la vida fuera más fácil: refugios, herramientas y otras tecnologías sencillas
que no existían en el mundo natural.
Mientras los osos polares
desarrollaron capas de grasa cubiertas con pieles gruesas, nuestros antepasados
usaron el fuego y se pusieron ropa.
¿Implica eso que las reglas
normales de la evolución ya no aplican?
A
flor de piel
Si queremos confirmar que hemos
cambiado en los últimos 60.000 años sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor:
al salir de África todos teníamos piel oscura, ahora hay una gran variedad de
colores.
ISTOCK /El color de la piel cambió según las
condiciones del lugar donde los primeros humanos fueron a vivir.
Pero la cuestión es si hemos
evolucionado a un nivel menos superficial.
Gracias a los 40 años de trabajo
de la antropóloga física Cynthia Beall con poblaciones que viven en montañas
extremadamente altas, como los habitantes de los Andes y los sherpas del
Himalaya, sabemos que sus cuerpos se adaptaron a las condiciones.
Tienen una densidad más alta de
vasos sanguíneos y son más amplios, así que el sistema de circulación les da el
oxígeno que necesitan sin correr los mismos riesgos que los foráneos.
Esa es una prueba de que hay algunos humanos que no dejaron de
evolucionar.
El
gran cambio
Pero hubo un cambio más
generalizado, que vino con un desarrollo determinante para nuestra historia y
que nos encaminó hacia el mundo moderno: el momento en el que empezamos a
producir comida, hace unos 10.000 años.
El paso de cazador recolector a
ganadero agricultor transformó la dieta y la cultura y fundamentó nuestras
civilizaciones.
ISTOCK/Cultivar plantas y
domesticar animales cambió completamente el curso.
Tener un suministro de alimentos
estable es precisamente el tipo de desarrollo cultural y técnico que podría
frenar la evolución.
Los miembros más débiles de las
sociedades empezaron a tener mucho más chance de sobrevivir, así que nos
distanciamos un poco de la selección natural.
Pero, ¿frenó la evolución o sólo
cambió la manera en la que evolucionamos?
La
leche
Uno de los productos que las
granjas empezaron a producir fue leche.
Su azúcar se llama lactosa y los
bebés producen una enzima llamada lactasa que permite digerirla. Otros
mamíferos la dejan de producir con la edad pero los humanos la seguimos
secretando cuando somos adultos.
¿La razón? La evolución.
ISTOCK/En las regiones en las que la leche era
parte importante de la dieta, los humanos desarrollamos una enzima para
digerirla.
Para nuestros antepasados, poder
digerir la leche era cuestión de vida o muerte. Los que podían eran los
ganadores en la carrera por la supervivencia del más apto.
¿Por qué fue tan importante?
·
La leche da mucha energía, tiene muchos
nutrientes, varias vitaminas, calcio y mucho más.
·
Es un fluido relativamente limpio, menos riesgoso
que el agua de un pozo o un arroyo
·
Los cultivos dan cosecha y luego hay que esperar;
poder tomar leche ayudaba
Quienes podían digerirla se
podían reproducir y su descendencia heredaba esa característica, una de las más
ventajosas que los europeos hayan desarrollado en los últimos 30.000 años.
Lo que confirma que es una
adaptación evolutiva es que en lugares tradicionalmente productores de lácteos,
la persistencia de lactasa es tremendamente común -en Irlanda es el 99% de la
población-; en el sureste asiático, por el contrario, hay muy poca tolerancia a
la leche.
En
el cementerio
ISTOCK/Con la abundancia ya no se trata de la
supervivencia del más fuerte sino de cuán justa es la sociedad en la que vives.
Parecería entonces que los
cambios que le hacemos a nuestro mundo tuvieron tanto poder para transformar
nuestros genes como los que ocurren en la naturaleza.
Pero hay algo fundamental que ha
cambiado más recientemente.
En el mundo desarrollado, la
forma de vida ha cambiado completamente: si no puedes digerir leche, puedes
tomar otra cosa.
Con abundancia de alimentos,
medicina e instalaciones sanitarias, una buena porción de la humanidad, sin
importar qué número sacó en la lotería genética, puede sobrevivir el tiempo
suficiente para pasar sus genes.
Entonces, ¿seguimos
evolucionando?
Una visita a un cementerio nos da
una pista.
Los patrones de vida y muerte,
que son la materia prima de la selección natural, han cambiado dramáticamente
con el paso de los siglos.
Si te fijas en las tumbas del
siglo XIX, por ejemplo, es típico encontrar que la gente moría antes de los 50
años y que hay muchas de bebés y niños.
Hasta que hubo remedio.
La vida en las sociedades más
ricas o más justas se ha transformado en los últimos 200 años. La medicina y la
ingeniería ofrecen una seguridad que le permite a cada individuo tener más
posibilidades de sobrevivir.
¿Ya no juega la selección
natural?
Sólo si logramos controlar las
enfermedades para siempre.
Lo único que se necesita para que
la selección natural se vuelva a activar en el mundo desarrollado sería una
enfermedad contagiosa y letal.
En
la sala de partos
Y hay otro cambio importante: hoy
en día sólo tenemos hijos si queremos y cuantos deseamos. Eso puede estar
haciendo que la selección natural esté funcionando de una forma distinta.
ISTOCK/¿Seguimos
cambiando?
Darwin formuló la selección
natural basándose en la mortalidad, pero a mediados del siglo XX hubo quienes
se dieron cuenta de que lo que estaba cambiando la frecuencia genética era la
reproducción.
Ya no depende tanto de cuál es el
más fuerte para que logre sobrevivir sino de cuánta gente alta, morena, gorda,
rubia, menuda, etc. decide tener hijos y pasar sus genes: ya no es sólo la
naturaleza o la ciencia, sino también la cultura lo que determina cómo
evolucionamos.
Además, estamos al borde de poder
diseñar genéticamente nuestra especie, algo sin precedentes.
Así que no hemos dejado ni parece
que vamos a dejar de evolucionar. Sólo que la manera en la que lo hacemos no depende sólo de cómo cambia el mundo
sino también de cómo cambiamos el mundo.







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