Satélites, móviles y redes
sociales visibilizan los problemas con un nivel de detalle sin precedentes. Así
lo revela el primer estudio global sobre macrodatos y género
Barcelona 21
ABR 2017 - 18:07 CEST
Tres
niñas sonríen en Barush, en el subcontinente indio. Los macrodatos pueden
ayudar a rellenar los grandes vacíos de información sobre el bienestar de las
mujeres en el mundo. ADAM COHN
Poner medios, no excusas. También
cuando se trata de rellenar los enormes vacíos de información sobre el bienestar de las
mujeres a escala global para diseñar políticas y programas de ayuda eficaces.
Si hace falta, recurriendo al torrente de datos digitales —anonimizados— que
ofrecen las imágenes por satélite, las redes sociales y el uso de móviles y
tarjetas de crédito. Con esta filosofía, expertos internacionales bajo el
paraguas de la Fundación
ONU han puesto a prueba durante dos años el potencial de los
macrodatos para arrojar luz sobre el estatus social, económico y de salud de
las mujeres en cuatro continentes. De aquí han emergido unos retratos en tiempo
real y con un nivel de detalle geográfico sin precedentes. ¿Cuánta precisión es
esta? Tanta, que "nos preguntamos si los responsables de la toma de
decisiones serán capaces de aprovechar el nivel de granularidad que ofrecen los
mapas”, apunta Rebecca Furst-Nichols, vicedirectora de la iniciativa de la
Fundación ONU para los datos de género —Data2X—.
El estudio se inició en 2014, en
vista de que "nadie estaba investigando de qué modo el big data puede aumentar el rango,
cantidad y calidad de los datos sobre las vidas de las niñas y mujeres",
explica Furst-Nichols, al frente de los programas de macrodatos de Data2X. Con este objetivo,
pusieron en marcha cuatro proyectos piloto para evaluar las grandes categorías
de macrodatos. "También seleccionamos cuestiones con una falta de datos
persistente y que suponen un riesgo desproporcionado para las mujeres".
Por ejemplo, problemas de salud mental y acceso a la educación. La premisa era
sencilla: las fuentes de datos convencionales, como las estadísticas oficiales
y encuestas de hogar, no cubren todo el territorio y se realizan con poca
frecuencia —a menudo, cada cinco años—. Los datos digitales pueden complementar
a los tradicionales porque se generan de forma continua y se recolectan
pasivamente, cubriendo zonas, temas y grupos de población que a día de hoy son
invisibles para sus propios Gobiernos.
El big data también es útil para comprender grandes conmociones
—desde desastres naturales hasta recesiones, pasando por vuelcos en políticas
macroeconómicas—. "Por definición, los choques son imprevisibles.
Planificar y realizar encuestas convencionales con presteza para evaluar sus
impactos es difícil, tanto desde un punto de vista logístico como
financiero", señala el economista de salud pública y coordinador de la
investigación, Bapu Vaitla. "Además, la posibilidad de desglosar los
macrodatos permite analizar el impacto en diferentes territorios y sub-grupos
de población". Un matiz fundamental, puesto que los efectos de una
inundación, por ejemplo, pueden ser moderados en el conjunto de un país, pero
devastar sus comunidades más marginalizadas.
Paisajes
de desigualdad
Cuatro de cada cinco países sí
producen de forma más o menos periódica estadísticas desglosadas por sexo,
apunta el informe Big data y el bienestar de mujeres y niñas de
Data2x. Sin embargo, estos datos no tienen la precisión geográfica suficiente
para orientar políticas o planes de ayuda a escala local —programas sobre
cuestiones de tanto calado como el analfabetismo y el acceso a contraceptivos
por parte de las mujeres—. Los encuestadores gubernamentales no llegan a todas
las aldeas de Kenia, Tanzania, Nigeria, Bangladesh y Haití, pero las imágenes
de satélite sí. ¿Y qué tienen que ver el clima, la producción agrícola o la
distancia a carreteras que muestran estas capturas con el estatus social y de
salud de las mujeres? Lo suficiente para inferir su bienestar en territorios
que nunca ha pisado un funcionario.
De hecho, los mapas generados en
el estudio para cuestiones como el analfabetismo revelan paisajes de
desigualdad —tanto de género como entre regiones de un mismo país— que estaban
ocultos hasta la fecha, y abren la puerta al diseño de intervenciones dirigidas
a las mujeres más vulnerables. Aunque la correlación entre fenómenos
geoespaciales y el estatus de las mujeres varía en cada país, ya hay resultados
prometedores. En Nigeria, se han visualizado zonas de clara desigualdad entre
niños y niñas en cuanto a retraso en el crecimiento. "Lo revelador es que
esta desventaja de las niñas frente a los niños en Nigeria no se puede
generalizar", remarca Vaitla. "Lo que se observa es un complejo patchwork de desigualdades
relacionadas con la zona geográfica, la densidad de población, los sistemas
agrícolas y otros factores geoespaciales".
Mapa sobre alfabetización de las
mujeres en Kenia basado en datos geoespaciales. Las imágenes por satélite
aumentan la resolución espacial y temporal de los datos existentes. DATA2X
Otro hallazgo destacado parte de
los datos sobre uso de móviles y tarjetas de crédito —en concreto, de las
gestiones anonimizadas de 150.000 usuarios en México D.F.—. Los investigadores
analizaron el tipo de compras, en qué orden se hacían y cómo eran los patrones
de movilidad de los usuarios. Ello permitió identificar siete grupos diferentes
según el estilo de vida económico. Los
que se ocupan del hogar, por ejemplo, realizan la mayoría de sus compras en
verdulerías, tienen menos movilidad, disponen de una red social menos diversa y
gastan menos con tarjetas de crédito. Las mujeres no solo están
sobre-representadas en este grupo, sino que tienen peores indicadores que los
hombres en la misma categoría. Las "fuertes diferencias de género" se
repiten en todos los grupos, destaca Vaitla. En el caso de Los que viajan para ir al trabajo, los
hombres se desplazan a más lugares y viven mucho más cerca del centro de la
ciudad, lo que indica un mayor acceso a oportunidades económicas. En el grupo Jóvenes,
"las mujeres tienen un radio de movimiento mucho menor, lo que vuelve a
evidenciar un mundo social y económico reducido".
Este conocimiento tiene
aplicaciones prácticas porque los subgrupos tienen necesidades sociales y
económicas diferentes. Identificarlos "permite analizar los costes y
beneficios relativos de las políticas dirigidas a mejorar el acceso a comida,
transporte o servicios de información", apunta el estudio. Analizar el
comportamiento de la población en tiempo real también puede alertar del deterioro
en la calidad de vida de algunos sectores, y ayudar a diseñar sistemas de
protección social efectivos. El desplome de la movilidad en un grupo con
niveles bajos de gasto, por ejemplo, podría indicar que los más pobres ya no
pueden costearse el transporte necesario para acceder a los mercados y a los
servicios gubernamentales. "A largo plazo, este enfoque podría revelar
cómo las mujeres enfrentan factores de estrés como desastres ambientales y
recesiones".
Ideas
y emociones
Interesa saber cómo subsisten las
mujeres, pero también qué piensan y cómo se sienten —empezando por su salud
mental—. Las mujeres se ven afectadas por condicionantes sociales y
psicológicos diferentes a los de los hombres y sufren un mayor riesgo de
trastornos vinculados a la pobreza, desigualdad y expectativas culturales. La
mayoría de datos sobre salud mental no están desglosados por sexo, sobre todo
en países en vías de desarrollo. Las consecuencias son graves: abundan los
diagnósticos y tratamientos erróneos, y las pacientes carecen de apoyo para
buscar ayuda. Frente a esta realidad, los expertos han desarrollado un método
basado en el aprendizaje computacional automático: el sistema ha aprendido a rastrear
actualizaciones de Twitter en busca de indicios de trastorno mental como la
propensión al suicidio. ¿Índice de aciertos?: del 96%.
Mapa con datos sobre uso de
contraceptivos por parte de las mujeres en Tanzania. DATA2X
Este método, que se ha probado en
medio millón de usuarios y 1,5 millones de actualizaciones de India, Sudáfrica,
Reino Unido y EE UU, tiene aplicaciones a dos niveles. En el plano individual,
la propia red social podría conectar automáticamente a la usuaria con servicios
de apoyo psicológico. A nivel de población, el sistema permite seguir
tendencias de salud mental en tiempo real y ver el impacto diferencial que las
grandes crisis tienen en mujeres y hombres.
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Analizar el
comportamiento de la población en tiempo real también puede alertar del
deterioro en la calidad de vida de algunos sectores
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Un último proyecto explora las
prioridades e ideas de las mujeres a través de Twitter de mano de la Universidad de
Leiden (Países Bajos) y Global Pulse ONU, iniciativa dedicada al aprovechamiento de
macrodatos para el desarrollo y acción humanitaria. Sus expertos han
desarrollado una herramienta que infiere el sexo de los usuarios de la red
social con una precisión del 74% —cifra que confían en aumentar—. Para
probarla, rastrearon 50 millones de cuentas en busca de 25.000 palabras clave.
El objetivo era cuantificar las preocupaciones de las mujeres en materia de desarrollo sostenible y comprender como difieren de
las de los hombres. En Nepal, por ejemplo, ellas hablaban más sobre igualdad de
género y ellos, sobre protección ambiental.
Cuestión
de voluntad
Los firmantes del estudio hacen
ciencia, no magia. Por ello, admiten las limitaciones de los métodos testados:
los proyectos basados en redes sociales se centran en los usuarios anglófonos
de una sola plataforma; los pagos con tarjeta de crédito excluyen a los
individuos de menor poder adquisitivo, y no siempre se dispone de datos de
telefonía desglosados por sexo. En este último caso, tampoco existen algoritmos
que predigan con fiabilidad el sexo del usuario —menos aún en países en
desarrollo en los que se comparten aparatos y tarjetas SIM—.
La falta de acceso a tecnologías
digitales también puede sesgar los resultados, de modo que "es crítico
utilizar fuentes de datos convencionales para validar las conclusiones",
subraya Vaitla. "No obstante, los móviles y otras tecnologías digitales
son cada vez más vitales para el sustento de los hogares empobrecidos. Por
ello, pueden ser fuentes de datos valiosas para comprender su bienestar".
Los avances científicos son un paso adelante, pero no bastarán para mejorar la
calidad de vida de las mujeres en el mundo.
"La invisibilidad de las
mujeres en las colecciones de datos es un problema político, no solo
técnico", advierte el informe, y aboga por reformas que incluyan a las
féminas en todas las esferas de la vida económica y social. "Queda mucho
trabajo por hacer en torno a la gobernanza de datos, la privacidad y la protección
de los usuarios más vulnerables", constata la vicedirectora de Data2X. Por
este motivo, su equipo trabajará con socios públicos y privados "para
garantizar que los diálogos sobre privacidad tienen en cuenta las cuestiones
que atañen a las mujeres —como una voz o libertad de acción limitadas en muchos
contextos—". La colaboración público-privada es imprescindible porque
buena parte de los macrodatos y de los métodos para analizarlos tienen
propietario. Para Furst-Nichols, se deben acordar fórmulas para proteger la innovación,
al tiempo que se permite el uso de estos recursos para el bien social.
Los expertos han demostrado el
potencial de los macrodatos para visibilizar los problemas y
prioridades de las mujeres. "Ahora debemos asegurarnos que los
responsables de la toma de decisiones y los profesionales del desarrollo
utilizan estos recursos para promover la igualdad de género", señala la
participante en el informe y especialista en comunicación de Global Pulse ONU
Felicia Vacarelu. Para lograrlo, Data2X se centrará en explorar cómo los
macrodatos se pueden aplicar al diseño de políticas concretas. "Nuestro
próximo paso será concentrarnos en un país. Queremos ver si es posible montar
un sistema basado en datos para monitorizar el bienestar de las mujeres en
tiempo real", informa Furst-Nichols. Vaitla contempla un futuro en el que
las agencias nacionales de estadística incorporen estas técnicas en sus procedimientos
habituales. Un futuro en el que se pongan medios y voluntades —no excusas— para
que esta mitad de la población mundial que son las mujeres afronte la vida en
igualdad.




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