Por Baher Kamal
Refugiadas
en el campamento de Melia, en el lago Chad, que reciben alimentos del Programa
Mundial de Alimentos. Foto: Marco Frattini / PMA
ROMA, 17 abr 2017 (IPS) -
Casi 50 por ciento de la ayuda alimentaria de emergencia que recibe África se
debe a desastres naturales que amenazan su crecimiento económico y sus medios
de vida, indica la Unión Africana (UA) a través de su mecanismo de seguro
climático, concebido para ayudar a los países del continente a resistir y
recuperarse de las sequías.
El mecanismo, conocido como la Capacidad de Riesgo Africana (ARC,
en inglés), proporciona a los estados africanos participantes fondos de
desembolso rápido en caso de sequía y les ayuda a desarrollar planes para
aplicar respuestas oportunas y efectivas al problema.
“Un
mecanismo de seguro climático brinda a los estados africanos participantes
fondos de desembolso rápido en caso de sequía y les ayuda a desarrollar planes
para aplicar respuestas oportunas y efectivas al problema.”
La sequía, un peligro natural
complejo con repercusiones socioeconómicas y ambientales considerables y
generalizadas, causa más muertes y desplaza a más personas que cualquier otro
desastre natural, según la Convención de
las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.
El ARC se creó como un organismo
especializado de la UA para ayudar a los estados miembros a mejorar sus
capacidades para planificar, preparar y responder mejor a fenómenos
meteorológicos extremos y desastres naturales, protegiendo así la seguridad
alimentaria de sus poblaciones vulnerables.
En la actualidad, el costo de la
respuesta a los fenómenos meteorológicos extremos en África, en particular las
sequías, está en gran parte a cargo de la comunidad internacional.
Por ejemplo, en 2012 el Programa Mundial de Alimentos (PMA) ayudó a
54,2 millones de personas en África para lo que destinó 2.700 millones de
dólares, o 66 por ciento del gasto mundial de la agencia de ese año.
Las sequías amenazan el
crecimiento del producto interno bruto (PIB) en África subsahariana, advirtió
el ARC. La peor sequía en 10 años podría tener un impacto negativo estimado de
cuatro por ciento sobre el PIB anual de Malawi, por ejemplo, y con impactos aún
mayores si la sequía fuera la peor en 15 o en 25 años.
“Dicha disminución de la
productividad disminuye el crecimiento económico, provoca una importante
dislocación presupuestaria, erosiona los avances del desarrollo y la
resiliencia, y requiere ayuda de emergencia adicional de la comunidad
internacional en el futuro”, advierte el ARC. Un dólar que se gasta en una
intervención temprana a través del ARC le ahorra al país 4,40 dólares gastados
en una crisis.
Efectos
devastadores para los hogares
El ARC también informa que las
consecuencias de la sequía para los hogares pueden ser devastadoras en países
con baja resiliencia donde grandes sectores de la población dependen de la
agricultura de secano para su subsistencia.
La británica Universidad de Oxford y el Instituto Internacional de Investigaciones sobre
Políticas Alimentarias realizaron un análisis de costo-beneficio sobre
cómo lidian los hogares con la sequía.
El estudio calculó los beneficios
económicos de la intervención temprana para impedir las acciones negativas de
los hogares, como la reducción del consumo de alimentos, la muerte del ganado y
las ventas de activos productivos a raíz de las dificultades.
El análisis “calculó que el
beneficio económico de la ayuda que llega a las familias dentro de los tres
meses fundamentales después de la cosecha podría resultar en casi 1.300 dólares
por hogar asistido en términos de ganancias económicas protegidas”.
Un análisis más detallado revela
que el beneficio potencial del ARC supera 4,4 veces a los pedidos tradicionales
de ayuda de emergencia, como resultado de la reducción de los tiempos de
respuesta y la agrupación de riesgos.
La
cuenca del lago Chad – Emergencia extrema
El informe del ARC sobre el
impacto de las sequías en África se conoció poco antes de la visita a
principios de mes del director de la Organización
de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO),
Graziano da Silva, a algunas de las zonas afectadas en el noreste de Nigeria,
donde el conflicto armado obligó a 2,5 millones de personas a abandonar sus
hogares y medios de subsistencia.
Una
madre sostiene una olla vacía dentro de su casa improvisada en un asentamiento
cerca de la ciudad de Ainabo, Somalia, en marzo de 2017. Foto: Kate Holt /
Unicef
La región – que abarca partes de
Nigeria, Camerún, Chad y Níger – se enfrenta a una de las mayores crisis
humanitarias del mundo. Unos siete millones de personas corren graves riesgos y
requieren asistencia inmediata en alimentos y medios de subsistencia.
“Hay 50.000 personas al borde del
hambre en la región. En una escala del 1 al 5, donde 5 representa la hambruna,
ya están en el nivel 4″, advirtió Da Silva.
Después de tres años de sequía,
el sector del agro, incluida la ganadería y la pesca, ya no puede permanecer
desatendido, subrayó.
La agricultura produce alimentos
y sostiene a 90 por ciento de la población local. Muchas de las personas
de la zona ya vendieron sus posesiones, incluidas las semillas y herramientas,
y los grupos armados mataron sus animales.
“Los pastores y los pescadores
necesitan apoyo también para la repoblación de sus animales. De lo
contrario, si los desplazados internos no recuperan sus animales y sus puestos
de trabajo, permanecerán en los campos de refugiados”, aseguró Da Silva.
Para muchos países de África, una
pequeña alteración en términos de déficit de lluvias o de precios elevados de
los alimentos puede precipitar un pedido de intervención humanitaria y una
respuesta de emergencia. La resiliencia en estos países es
significativamente baja de por sí, y es mucho menor durante una sequía.
Por ejemplo, en Níger, donde los
hogares presentan una resiliencia muy baja, el equipo del ARC calcula que para
lidiar con la sequía, los ingresos de los sectores más vulnerables tendrían que
crecer un promedio anual de 3,4 por ciento en los próximos cinco años en
términos reales para construir una capacidad de resistencia suficiente para
superarla sin necesidad de asistencia externa.
Mientras tanto, el seguro no es
la herramienta “correcta” para hacer frente a este riesgo crónico. Para
mejorar la resistencia de los países a los desastres naturales, permitiendo un
crecimiento sostenido en el continente, se requieren dos elementos clave: la
gestión del riesgo y la inversión.
Traducido
por Álvaro Queiruga


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