La prevención primaria es la
única que disminuye la incidencia de la enfermedad. Es esencial investigar más
sobre sus orígenes y desarrollar políticas –públicas y privadas– que
efectivamente los modifiquen
MIQUEL
PORTA
JULIE
KERTESZ (FLICKR)
24 DE SEPTIEMBRE DE 2017
Creedor
es el que necesita mucho someter su creencia a la colisión con la
realidad,
crédulo
es el que lo necesita pero no mucho, y creyente, el que no lo necesita en
absoluto.
Jorge
Wagensberg
A las iniciativas sociales e
institucionales innovadoras, los investigadores científicos intentamos
expresarles nuestro aprecio y apoyo de forma crítica-constructiva (sí, creo que
toda crítica verdadera debe intentar ser constructiva, y sí, nos iría mejor si
esa actitud y proceder fuesen más frecuentes en nuestras sociedades). Las
adhesiones incondicionales, crédulas y acríticas, no son coherentes con la
auténtica estima, científica o de otra índole. Por eso podemos aplaudir y
apoyar críticamente las iniciativas que en España y otros países están
promoviendo la investigación sobre las causas y mecanismos de los distintos
tipos de cáncer, su prevención primaria, detección precoz, diagnóstico y
tratamiento. Sin olvidar otros enfoques desde las ciencias de la salud, la vida
y la sociedad. Estas cuestiones (causas, prevención, diagnóstico, etc.) suponen
un espacio de estudio y debate más amplio que el que normalmente comprende la
llamada investigación “oncológica”. No siempre percibimos las “clausuras epistémicas”
(acotar de qué es aceptable hablar en ciertos ámbitos, por ejemplo); aunque son
habituales en los espacios públicos generales y también en los espacios
profesionales y científicos (algunos científicos no son o prefieren no ser
conscientes de ello).