El futuro social y
económico de las personas se establece con acciones tomadas desde los primeros
días de vida
Niños en escuela
pública en Manchay, Pachacamac, un lugar con índices de extrema pobreza, a las
afueras de Lima. JULIO CÉSAR CASMA
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Está comprobado que la
fórmula para el éxito social y económico está, en gran parte, en cómo
pasamos los primeros días de nuestras vidas. La diferencia puede ser abismal.
El cerebro de un niño
que ha logrado el pleno potencial de desarrollo puede ¨iluminar¨ como un foco
de 200 watts mientras que uno que no lo logró solo alcanza los 25 watts, es
decir, casi un 90% menos de oportunidades.
Son diversos los
factores que minan está capacidad de desarrollo. De acuerdo alBanco
Mundial, una cuarta parte de los niños menores de cinco años en todo el
mundo -es decir, 156 millones de niños según estimaciones de 2016- padecen
desnutrición crónica. Un estudio realizado en Guatemala, demostró que los niños
bien alimentados, sin retraso en el crecimiento, tuvieron más probabilidades de
escapar de la pobreza cuando adultos y obtuvieron ingresos entre 5% y 50%
superiores a los de sus pares que habían sufrido retraso en su desarrollo. Sin
embargo, la desnutrición no es el único factor en la disminución de la
capacidad de crecimiento del futuro éxito de un niño.
La falta de cuidados,
de cariño y la exposición a situaciones de estrés, que se ven sobre todo en
niveles socioeconómicos bajos, pueden causar en los menores daños irreversibles
para el resto de su vida. ¿Qué dicen los expertos? En una conferencia sobre los
efectos de la adversidad en el cerebro de los niños, los especialistas
destacaron estas cuatro razones clave de por qué hay que invertir en la primera
infancia.
1. El
desarrollo del cerebro empieza en el vientre
El cerebro de un ser
humano se empieza a desarrollar en la cuarta semana de embarazo, en base a la
nutrición de la mamá y las situaciones que ella experimenta. Posteriormente, la
individualidad de este nuevo ser se construirá en base a su herencia biológica
y a sus experiencias personales. La capacidad de moldear nuestro cerebro responde
a un término que los expertos denominanplasticidad.
La plasticidad es mayor cuando se tiene menos de 5 años.
Nuestros genes son una
parte muy importante en la etapa de crecimiento, pero las experiencias, buenas
o malas, hacen que los cerebros de cada individuo se desarrollen de manera
diferente. Incluso en gemelos idénticos, los cerebros se desarrollan distinto
acorde a sus experiencias de vida.
Los cimientos de la
arquitectura cerebral se establecen gracias a esas experiencias tempranas, las
cuales se basan, principalmente, en el cuidado de los padres o de la persona a
cargo del bebé. Si bien todas las experiencias y estímulos ayudan en el
desarrollo, es muy diferente que un bebé escuche ruido en el ambiente a que sus
padres le hablen constantemente, de forma apropiada a su edad.
Lamentablemente, esta
oportunidad es limitada. Durante los primeros 1,000 díasse
desarrolla hasta el 80% de nuestro cerebro y el de un bebé espera diversos
estímulos para crecer. Cuando no los recibe, las conexiones que se deberían
formar se alteran, y las neuronas no se comunican entre ellas con lo cual se
inician los problemas de desarrollo con consecuencias irreversibles. Esto
podría resultar en adultos con menor capacidad para regularse en situaciones de
estrés y con mayor riesgo a tener problemas sociales y de comportamiento, con
muestras de impaciencia, de poca conciencia social, falta de atención,
hiperactividad, déficit en el coeficiente intelectual e incluso autismo.
Diversas
investigaciones han demostrado que, en casos extremos, la falta de nutrición e
estimulación, mezclados con los genes de los padres, podrían cambiar incluso el
metabolismo de una persona y su inmunidad a las enfermedades, entre otros
cambios biológicos.
2. La
estimulación temprana y el constante aprendizaje son claves para el crecimiento
Un estudio sobre la
infancia en Jamaica demostró que lactantes y niños de corta edad que se
beneficiaron de actividades de estimulación temprana obtuvieron sueldos hasta
un 25% más altos en la edad adulta, equivalentes a los de los adultos que
crecieron en hogares de mayores ingresos.
La interacción
constante de los niños con los padres o personas a cargo, de forma motivadora,
positiva y adecuada, crea oportunidades de aprendizaje muy importantes para la
vida adulta. Los programas preescolares de alta calidad dirigidos a grupos en
situación vulnerable pueden llegar a tener una tasa de rentabilidad de entre el
7% y 16% anual. Pero si bien estos programas agregan conocimientos cuando el
niño ya asiste a la escuela, las actividades con los bebes son esenciales en la
formación de futuros adultos exitosos que controlan sanamente sus emociones.
3. Los
adultos deben aprender a regular el estrés
Los responsables del
bebé, usualmente sus padres, tienen un rol crítico en la regulación de sus
respuestas frente al estrés. Por ejemplo, nuestros cerebros están
"cableados" para responder al sonido de las voces y esta situación no
debería generar ningún tipo de estrés. Cuando los bebés escuchan a las personas
hablar, los sistemas neuronales, responsables del habla y del lenguaje, reciben
la estimulación necesaria para organizarse y funcionar. Si la exposición
apropiada no ocurre, las conexiones no se desarrollan o lo hacen de forma diferente.
Debido a que el cerebro se adapta a su entorno, se acomodará a un ambiente
negativo con la misma facilidad con que se adaptaría a uno positivo.
El tipo de estrés y el
momento en el que se presenta determinan el tipo de impacto en el desarrollo
cerebral. Responder correctamente a situaciones de estrés es clave para nuestro
éxito en la vida como adultos.
El Consejo Científico
Nacional sobre el Desarrollo del Niño (National
Scientific Council on the Developing Child) clasifica al estrés en tres
tipos:
·
Estrés positivo: es moderado, breve y, en general, una parte normal de la vida
(por ejemplo, entrar en un nuevo entorno de cuidado infantil). Aprender a
adaptarse a este tipo de estrés es un componente esencial del desarrollo
saludable.
·
Estrés tolerable: incluye situaciones que tienen el potencial de alterar
negativamente el cerebro en desarrollo, pero que ocurren con poca frecuencia y
dan tiempo al cerebro para recuperarse (por ejemplo, la muerte de un ser
querido)
·
Estrés tóxico: activa fuerte, frecuente y prolongadamente el sistema de
respuesta al estrés del cuerpo (por ejemplo, negligencia crónica en el cuidado
del bebé)
Así como las
experiencias positivas pueden ayudar con el desarrollo saludable del cerebro,
las experiencias del maltrato infantil u otras formas de estrés tóxico, como la
violencia doméstica, pueden afectar negativamente el desarrollo del cerebro.
Esto incluye cambios en la estructura y actividad química del órgano y en el
funcionamiento emocional y del comportamiento del niño.
Por ejemplo, el
desarrollo saludable del cerebro incluye situaciones en las que los balbuceos,
gestos o gritos de los bebés producen reacciones confiables y apropiadas de sus
padres. Si los niños viven en un mundo caótico o amenazador, en el que los
responsables de su cuidado responden con abuso o no responden, sus cerebros
pueden volverse hiperalertas y su percepción del mundo se altera con lo cual
sus respuestas podrían ser negativas y violentas ante la mayoría de las situaciones.
4. La
pobreza es el principal desencadenante de estrés en el hogar
Los hogares con menos
recursos económicos son los más propensos a registrar niños con un reducido
desarrollo cerebral. Para un padre pobre existen otras prioridades, como traer
dinero al hogar, dejando el cuidado de los niños en segundo plano. Sin bien la
calidad del cuidado no está necesariamente relacionada con los ingresos, la
cobertura de las necesidades básicas es el primer paso para poder concentrarse
en la atención de los niños.
Entre los principales
factores de riesgo asociados con la pobreza que tienen un impacto perjudicial
en el desarrollo podemos mencionar la inseguridad alimentaria, las enfermedades
infecciosas y el estrés psicológico, sobre todo en la etapa de la formación
neuronal y cognitiva de los niños.
La pobreza se incorpora
biológicamente en el crecimiento de los niños, y puede tener efectos a largo
plazo, incluso en el desarrollo del
lenguaje, afectando posteriormente a otras áreas. Actualmente existe
evidencia científica de la alteración del funcionamiento cerebral como
resultado del abuso y la negligencia en las etapas tempranas.
El desarrollo
del cerebro durante los primeros 3 años es crucial para el éxito
socioeconómico. Sin embargo, si bien la plasticidad del cerebro se reduce luego
de la infancia, esta continúa siendo parte de la vida de un ser humano. Con
menor medida, el cerebro seguirá aprendiendo y desarrollándose para apropiarse
de nuevas experiencias, positivas o negativas, y hacer frente a nuevas
situaciones que pueden incluir diversos grados de estrés.
La complejidad cerebral
programada en las etapas tempranas da lugar a funciones cognitivas y
socio-emocionales que se fusionan para formar habilidades que se adquirirán
posteriormente en la vida. El cerebro es la fuente de nuestros conocimientos y
de nuestras emociones, y es sin duda el órgano más importante en el cuerpo
humano. Su desarrollo debe sostenerse a lo largo de toda vida con oportunidades
y retos que ofrezcan mantenerlo activo.
En respuesta a estas
pruebas convincentes sobre los beneficios de invertir
en niños pequeños, así como la creciente demanda de los países, el Grupo
del Banco Mundial está aumentando su apoyo para invertir en los primeros años
de vida. Las prioridades son tres: (i) reducir la desnutrición infantil, (ii)
asegurar que los niños reciban estimulación y aprendizaje tempranos; y (iii)
proteger a los niños vulnerables.
Julio César Casma es
productor online del Banco Mundial
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