Un 14% de los escolares españoles
reconoce haber sufrido cualquier tipo de 'bullying' varias veces al mes. El
porcentaje llega al 3% si se trata de violencia física
CTXT
Varios niños en el patio de un
colegio.
THOMAS RICKER
17 DE MAYO DE 2017
Un 6% de los escolares españoles
reconoce sufrir acoso de forma habitual en sus centros educativos. Bulliyng de la mano de sus
compañeros, sus ‘iguales’. El porcentaje se eleva al 14% si el acoso –en
cualquiera de sus formas– ocurre algunas veces a lo largo de un mes, siendo del
3% si se trata de violencia física.
Son datos recogidos por la OCDE,
en el tercer
volumen de su informe Pisa 2015, sobre bienestar de los estudiantes,
publicado el pasado mes de abril.
Según los datos recogidos por la
organización, basados en una encuesta a más de medio millón de niños y jóvenes,
casi dos de cada 10 alumnos de 53 países de la organización reconoce haber
sufrido cualquier tipo de abuso varias veces a lo largo de un mes. El
porcentaje medio de estudiantes que sufren violencia física es del 4,3%,
elevándose a casi el 11% cuando tienen que soportar acoso verbal. Basándose en
distintas variables y formas de acoso, el informe también ofrece un índice de
exposición al acoso o bullying.
A partir de este indicador la OCDE concluye que, de forma media, el 8,9% de los
estudiantes sufre acoso de forma frecuente en los 53 países pertenecientes a la
organización.
La OCDE destaca que la mayor o
menor incidencia del bulliyng guarda relación con el ambiente escolar y
familiar de los estudiantes. Las situaciones de abuso tienden a ser menores en
colegios donde los profesores tienen mejor relación con sus alumnos. También en
los casos en los que los padres dan soporte y apoyo a los estudiantes. Para
ello son necesarios recursos y una política publica y gubernamental que
establezca estrategias para luchar contra el acoso, según señala el
informe.
Además de la violencia física y
verbal, las dos formas de acoso escolar más reconocibles, existen otros abusos
y humillaciones igual de graves ligadas a las relaciones y el sentimiento de
pertenencia: desde el ostracismo al que son sometidos niños y adolescentes en
actividades grupales, a la extensión de rumores falsos por parte de otros
compañeros o el rechazo y las amenazas en las aulas.
En enero de este año, la Unesco
advertía en su informe Ending the Torment: Tackling bullying from the
schoolyard to cyberspace de la necesidad de mejorar las
políticas públicas para luchar contra el acoso. La institución ponía además el
acento en los costes sociales a futuro que puede generar. Además de su
consecuencia más dramática, el suicidio de algunas de las víctimas, el acoso
escolar también tiene importantes consecuencias en los resultados
escolares, provoca problemas de ansiedad y depresión y puede llegar a afectar
al bienestar y a la vida laboral futura de las personas que lo
sufren.
Otros datos publicados recientemente por
la organización de Naciones Unidas estiman que cerca de 246 millones de niños
en el mundo sufren algún tipo de acoso escolar al año, con porcentajes –basados
en una encuesta a más de 100.000 estudiantes– que se mueven entre el 10% y el
65% en función del país.
El pasado 1 de noviembre, el
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte puso en marcha un teléfono de apoyo
contra el acoso escolar. Según los datos recogidos por Europa Press, hasta finales del mes de
mayo la línea había recogido cerca de 15.500 llamadas, de las que casi 6.000
–más del 30%– eran posibles casos de acoso. Según informó el Ministerio, 74 casos
fueron trasladados a las fuerzas del orden, además de otros 156 a la Alta
Inspección educativa para su investigación.
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Espacio de información realizado
con la colaboración del Observatorio Social de “la Caixa”.
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