Garantizar que todas las personas
puedan disponer de estos servicios básicos exigirá más que un incremento de los
recursos
Un miembro del contingente
chadiano de la Misión Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en
Malí ofrece a un niño un trago de agua. Diciembre 2016. SYLVAIN LIECHTI
(ONU)
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Hoy día,
los noticieros se refieren con mucha frecuencia al agua; por ejemplo, a la escasez de agua dulce
debido al aumento del nivel del mar, a las tensiones por el uso del agua y su
utilización como arma de guerra, y a las inundaciones y sequías como resultado
de fenómenos meteorológicos extremos. Incluso la palabra saneamiento ha formado parte del
léxico del desarrollo durante los últimos 10 años, por los esfuerzos
concertados para informar a la gente sobre las repercusiones de la falta de
saneamiento sobre la salud y el bienestar. Se sabe que las políticas proactivas
en materia de agua son vitales para la paz y la seguridad, y que el saneamiento
es esencial para la dignidad humana. El agua y el saneamiento son fundamentales
para muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible acordados por las
Naciones Unidas, como erradicar la pobreza y el hambre, y fomentar la
educación, la salud y la igualdad de género. Así, por ejemplo, el retraso en el crecimiento, con sus graves
consecuencias a largo plazo sobre el desarrollo mental y físico, se debe, en la
mitad de todos los casos, a las malas condiciones de saneamiento.
A pesar de esto, al agua –para no
hablar del saneamiento– se otorga muy poca prioridad a la hora de asignar los
limitados recursos disponibles para el desarrollo.
El Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, sobre agua y
saneamiento, exige que todas las personas, en todos los países, tengan acceso a
buenos servicios y que se atribuya la mayor importancia a las necesidades de
las mujeres, las niñas, los niños y las personas vulnerables. El acceso universal
a agua y saneamiento requerirá un esfuerzo mundial, ya que hay personas
desfavorecidas en todas las sociedades y en todos los países, sean ricos o
pobres.
En los países desarrollados,
todavía hay gente que no siempre dispone de agua y retretes; por ejemplo, las
personas que viven en las calles y las que buscan asilo, las comunidades
nómadas, las personas detenidas y los prisioneros. En muchos países en
desarrollo, quienes viven en condición de pobreza, los discapacitados, las
personas que habitan en zonas rurales aisladas o en asentamientos informales
carecen de retretes y de acceso seguro y asequible a agua potable.
Una mayor igualdad representa un
valor central para nuestras sociedades. Los niños que pasan horas caminando para
recoger agua, a menudo contaminada, pierden oportunidades de estudio y, por lo
tanto, tienen menos probabilidades de llegar a ser miembros plenamente
productivos de la sociedad.En el
contexto doméstico, generalmente se considera que el saneamiento y el agua son
“asuntos de mujeres”, pues ellas son las encargadas del mantenimiento y uso de
estos servicios en el hogar, y son las personas más afectadas cuando no existen
o son inadecuados. Ante esta realidad, los donantes están haciendo el esfuerzo
de abordar las necesidades de las mujeres mediante la creación de fondos cuya
finalidad es propiciar la igualdad de género en el acceso a agua y saneamiento.
Esto incluye procesos participativos para que las mujeres contribuyan a la toma
de decisiones, y un mayor acceso a la enseñanza para las niñas y las mujeres
jóvenes, para lo cual se precisan instalaciones de saneamiento mejoradas en las
escuelas. La asequibilidad de los servicios también reviste enorme importancia
para las mujeres, que normalmente cuentan con menos ingresos disponibles que
los hombres.
Garantizar que todas las personas
puedan acceder a servicios básicos exigirá más que un incremento de los
recursos. Debemos mirar más allá de los argumentos económicos de relación
costo-calidad y economías de escala para reconocer los costos en desarrollo
humano de permitir que haya gente marginada del progreso. Para poder eliminar
las desigualdades en el acceso a agua y saneamiento es necesario analizar qué
clase de servicios son prioritarios y reconsiderar la manera como se elaboran
los presupuestos, se establece la prioridad de determinados grupos de población
y se prestan los servicios.
Debemos abandonar la
noción de que lo más importante es obtener rendimientos rápidos sobre las
inversiones
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Es
posible que debamos dejar de lado proyectos de infraestructura a gran escala
que son cruciales para el desarrollo, a fin de enfocarnos en encontrar
soluciones de índole más local. Los recursos podrían emplearse mejor ofreciendo
capacitación a nivel local y financiando a los trabajadores sanitarios y
comunitarios para que puedan ayudar a las poblaciones locales. Para que los
sistemas existentes sigan prestando servicios esenciales, deberá invertirse más
dinero en funcionamiento y mantenimiento.
Debemos abandonar la noción de
que lo más importante es obtener rendimientos rápidos sobre las inversiones. El
costo de que los niños no acudan a la escuela, de que la población no goce de
buena salud y de que la fuerza de trabajo no sea productiva supera con creces
el costo de garantizar el acceso a los servicios. Por esto, debemos hacer todo
lo que esté a nuestro alcance para invertir en la salud y el desarrollo a largo
plazo de nuestro mundo.
En abril, la Alianza Saneamiento
y Agua para Todos celebrará en la ciudad de Washington dos reuniones de alto
nivel –de ministros de Finanzas y de ministros responsables del sector del agua
y el saneamiento– para examinar el tema de la financiación destinada a dicho
sector. Durante estas reuniones se estudiará qué medidas conviene tomar para
que las estrategias de financiación sean más eficaces, más eficientes y más
capaces de cerrar, en lugar de ampliar, la brecha de desigualdad.
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Saneamiento y
Agua para Todos (SWA, por sus siglas en inglés) es una
alianza mundial constituida por múltiples interesados. Con más de 170 asociados
de gobiernos, la sociedad civil, donantes, bancos de desarrollo, entidades del
sector privado, instituciones de investigación y otros organismos, trabajamos
para catalizar el liderazgo político y mejorar la rendición de cuentas en el
sector del agua, el saneamiento y la higiene, y para hacer realidad la visión
del saneamiento, el agua y la higiene para todos, siempre y en el mundo entero.
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Catarina de Albuquerque es
presidenta Ejecutiva, Alianza Saneamiento y Agua para Todos.


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