Redacción
BBC Mundo
5 horas
Derechos
de autor de la imagen GETTY IMAGES Image caption Los migrantes buscan llegar a
Libia para cruzar el mar Mediterráneo en su camino hacia Europa, pero muchas
veces no lo logran.
Por
si tener que abandonar su casa y recorrer miles de kilómetros hacia lo
desconocido superando numerosos peligros fuera poco, centenares de migrantes
africanos también están siendo vendidos en "mercados de esclavos",
como si fueran mercancía.
Empleados de la Organización
Internacional de Migraciones (OIM) tuvieron conocimiento de la existencia de
estos mercados en Libia, donde los jóvenes son vendidos y comprados para trabajar, como cebo para exigir un rescate a sus familias y
también, en el caso de las mujeres, como esclavas sexuales.
Migrantes con habilidades
específicas, como la pintura o la colocación de azulejos, son vendidos a
precios más altos, le dijo el jefe de la OIM en Libia, Othman Belbeisi, a la
BBC.
Libia está sumida en el caos
desde la salida del poder en 2011 de Muammar Gaddafi.
Derechos de autor de la
imagen AFP Image caption Agadez, la puerta de entrada al desierto.
Uno de los casos que documentó la
organización fue el de un migrante senegalés, al que la OIM se refiere como SC
para proteger su identidad, que cayó en una situación dramática en el camino
para llegar a Libia a través del desierto.
La
odisea de SC
Los problemas de SC empezaron al
llegar a Agadez, un
polvoriento pueblo en el límite sur del desierto del Sahara conocido por ser
uno de los centros de las rutas migratorias que recorren el continente africano
hacia el norte.
Solo este año, más de 311.000 personas han pasado por allí en
su camino hacia Argelia y Libia.
En Agadez, a SC los traficantes
le dijeron que tenía que pagar US$320 dólares para poder seguir su camino.
El grupo logró tras dos días de viaje llegar a Sabha,
en el suroeste de Libia, un peligroso recorrido en el que muchos otros
migrantes han muerto.
También existen reportes de
camiones asaltados por bandidos que se llevan el combustible.
Image
caption Los migrantes pagan a traficantes para que los transporten a través del
desierto del Sahara.
SC, sin embargo, logró sobrevivir
al viaje, aunque cuando llegó a Sabha el conductor del camión insistió en que
el traficante no le había pagado y, con esa excusa, llevó a los migrantes a una zona de aparcamiento, en la que SC
vio un verdadero mercado de
esclavos.
Allí, migrantes subsaharianos
eran vendidos y comprados por ciudadanos libios.
A SC lo "compraron" y
lo llevaron a su primera "cárcel", una casa privada donde más de 100
migrantes estaban atrapados como rehenes.
Los secuestradores obligaban a
los migrantes a llamar a sus familias y, mientras hablaban con sus familiares,
eran golpeados para que éstos pudieran escuchar cómo eran torturados.
A SC le dijeron que su liberación
costaría unos US$480, una cantidad que él no podía conseguir.
Luego, fue "comprado"
por otro libio, que lo llevó a una casa más grande, donde le dijeron que tenía
que pagar unos US$970 a través de Western Union o Money Gram a alguien llamado
'Alhadji Balde', quien estaba supuestamente en Ghana.
Derechos
de autor de la imagen AFP Image caption La OIM conoció de la existencia de los
mercados de esclavos gracias a testimonios de los propios migrantes.
Según el informe de la OIM, SC logró
reunir algún dinero de su familia y trabajó como intérprete para los
secuestradores para evitar que le siguieran golpeando.
Otros migrantes que no podían
pagar fueron asesinados, o los
dejaron morir de hambre.
Otro testigo que logró reunir
fondos para su liberación tras nueve meses de cautividad, fue llevado al
hospital en un estado severo de
malnutrición, cuando pesaba 35 kilos.
SC le dijo a OIM que cuando
alguien moría o era liberado, los secuestradores volvían al mercado a
"comprar" más migrantes para reemplazarlo.
Las mujeres también eran
compradas por hombres que las llevaban a sus casas y las forzaban a ser
esclavas sexuales.
Violaciones
y maltrato
"En los últimos días, he
hablado sobre estas historias con varios que me contaron cosas horribles",
contó por su parte un trabajador de la OIM en Níger.
"Todos me confirmaron los
riesgos de ser vendidos como esclavos en plazas o garajes en Sabha, bien por
los conductores o por personas locales que reclutan a los migrantes para que lleven a cabo trabajos,
sobre todo en la construcción, y luego en lugar de pagarles, los venden a otros
compradores" detalló.
Derechos de autor de la
imagen AFP Image caption Muchos migrantes, como este hombre ganés, vuelven a
Agadez tras intentar cruzar el Mediterráneo y no lograrlo y huyendo de los
grupos armados en Libia.
"Algunos migrantes, sobre
todo de Nigeria, Gana y Gambia, son
obligados a trabajar para los secuestradores o traficantes sexuales como
guardas en las casas de secuestro o en los propios mercados", añadió este
trabajador.
Otro caso conocido por la OIM fue
el de una mujer joven a la que secuestradores somalíes mantienen en un almacén
cerca del puerto libio de Misrata.
Su marido e hijo viven en Reino
Unido desde 2012 y han estado recibiendo pedidos de dinero.
Creen que la víctima está siendo
sometida a violaciones y maltrato físico.
El marido ha pagado a través de
familia y miembros de la comunidad somalí US$7.500, aunque recientemente los
secuestradores le están pidiendo un segundo pago.
"Lo que sabemos es que los
migrantes que caen en manos de traficantes se enfrentan a una sistemática malnutrición, abusos sexuales e
incluso el asesinato", dijo Mohammed Abdiker, director de
Operaciones y Emergencias de la IOM.
"Nos hablan de la existencia
de tumbas masivas en el desierto".
El
infierno del Sahara
La existencia de traficantes
inescrupulosos no es sin embargo la única razón por la que el desierto del
Sahara se ha convertido en un gran peligro para los migrantes.
En un reporte de julio del pasado
año, la organización 4mi, afiliada al Consejo Danés para los Refugiados, dijo
que "migrantes y refugiados del Cuerno de África que llegan a Libia,
Egipto o Europa indican consistentemente que puede haber más muertos cruzando el Sahara que en el
Mediterráneo".
Derechos de autor de la
imagen ALMOUSTAPHA ALHACEN
En un reportaje de 2015, un
traficante de personas explicaba al diario The Guardian por qué es tan peligroso cruzar el desierto en un
viaje que suele durar entre tres y seis días.
"El camino tiene un aspecto
distinto cada vez, debido a las tormentas
de arena que cambian la forma del desierto", decía Cisse
Mahamadou.
Si los traficantes no conocen el
desierto como la palma de su mano, se pierden. Y si se pierden, se quedan sin
gasolina y luego sin agua. Sin agua "no sobrevives más de tres días",
aseguraba este traficante.
Y además, en la zona también hay bandidos, yihadistas o ladrones de
vehículos.







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