Un artículo de la revista
'Science' descubre en Tlaxcala una sociedad donde los gobernantes no nacían
para serlo y estaban al servicio del pueblo
México 23 MAR 2017 - 19:47 CET
Tecoaque,
una de las zonas arqueológicas de Tlaxcala. CUARTOSCURO
Puede que los orígenes de la
democracia no fueran un fenómeno exclusivamente europeo, que del otro lado del
Atlántico, mucho antes de la conquista española, una ciudad mexicana se
organizara de un modo colectivo. Un grupo de científicos ha encontrado en Tlaxcala (México) los restos arqueológicos de una
sociedad que no se regía por líderes absolutistas, que heredaban el poder desde
la cuna. Según un artículo publicado por la revista Science, en este
lugar, quienes querían ser gobernantes debían pasar un duro rito de iniciación
que ameritara el cargo que iban a despempeñar. Y los habitantes, que
financiaban la comunidad con sus impuestos, tenían la capacidad de exigirle
cuentas.
La ciudad, construida en
alrededor del año 1250, se encuentra cerca de la actual Tlaxcala (centro del
país), capital del Estado que lleva su nombre. Y no se parece en nada a la
mayoría de ciudades mesoamericanas que se habían encontrado antes. El artículo
explica que aquellas se centraban, como Tenochtitlán (hoy la capital de México), en un núcleo
monumental de pirámides y plazas. En la tlaxcalteca, sin embargo, las plazas se
dispersaron por todos los barrios, sin centro claro o jerarquía. El arqueólogo
a cargo del proyecto, Lane Fargher, cree que el senado de la localidad se
encontaba en un edificio que él descubrió a las afueras. Allí alrededor de 100
personas tomaban decisiones clave en las esferas militar y económica.
Fargher, que trabaja en el
instituto de investigación Cinvestav en Mérida (México) y ha excavado en la
zona desde 2007, ha descubierto a través del estudio del urbanismo un tipo de
sociedad que muchos arqueólogos jamás creyeron que se iba a encontrar en
América: una república. "Hace 20 o 25 años, nadie habría aceptado que se
organizó de esta manera", señala Fargher en una entrevista a Science.
Para convertirse en miembros del
senado, los candidatos tenían que someterse a unas duras pruebas que fueron
descritas por un sacerdote español que visitó Tlaxcala en el siglo XVI. Según
el texto, los que aspiraban a formar parte de la vida política de la ciudad solían
ser soldados que venían de la guerra y el primer paso de iniciación consistía
en presentarse desnudos en medio de una plaza abucheados y golpeados por una
multitud. Si pasaban a la segunda fase, debían permanecer hasta dos años en un
templo, donde bajo la instrucción de los sacerdotes, aprendían el código moral
y legal de la ciudad. Pero esta formación incluía además continuos flagelos y
torturas para demostrar que eran aptos para gobernar. Después llegaría su
recomensa, al salir formarían parte del grupo de senadores.
Los científicos reconocen que
esta sociedad no se trataba de una democracia plena, pero sí aseguran que se
regía por un poder compartido o colectivo, donde la economía se apoyaba en los
impuestos internos y, según sus investigaciones, cualquiera podría convertirse
en líder. Los arqueólogos señalan que los espacios públicos predominaban sobre
los ostentosos palacios, se hacía hincapié en la producción local en detrimento
de las importaciones y afirman que la brecha entre las élites y la gente común
era mucho más reducida que en las demás civilizaciones de la época. También
reconocen que este sistema autárquico y colectivo se vio impulsado también al
bloqueo comercial que le impusieron los mexicas, cuya capital se encontraba a
100 kilómetros de Tlaxcala.
La ciudad prehispánica de
Tlaxcala no es el único lugar de México donde se ha encontrado un modelo de
sociedad alejado al de un Gobierno déspota. Los científicos destacan el caso de
los restos arqueológicos de Monte Albán, capital de los zapotecas en Oaxaca
(entre el año 500 a.C. y el 800 d.C) donde no se encontraron representaciones
ostentosas de gobernantes, tan comunes en el arte olmeca y en el maya clásico.
También la zona se encuentra desprovista de palacios y tumbas reales. Los
símbolos de autoridad estaban más asociados a dioses y el cosmos que a
individuos particulares. "Durante mucho tiempo dentro de la arqueología
buscábamos pistas de algún rey", cuenta el investigador Richard Blanton a Sience.
Ahora los investigadores tienen una nueva teoría para dar sentido a las
sociedades de América que se regían de una forma diferente.

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